A pesar del enorme impacto cultural de Bad Bunny, su espectáculo de medio tiempo no logró convertirse en el más visto de la historia, alcanzando un promedio de 128.2 millones de espectadores en Estados Unidos. Según los datos oficiales de Nielsen, aunque la cifra es impresionante y supera la media de audiencia del partido mismo (124.9 millones), no alcanzó el récord histórico de 133.5 millones establecido por Kendrick Lamar en 2025, situándose finalmente como el cuarto show más visto de todos los tiempos.
La medición de Nielsen reveló un fenómeno curioso: la audiencia alcanzó un pico de 137.8 millones durante el segundo cuarto del partido, pero descendió aproximadamente un 7% justo cuando comenzó la presentación del “Conejo Malo”. Sin embargo, el artista rompió hitos en otros sectores, logrando la mayor audiencia en la historia de las transmisiones en español (Telemundo) con 4.8 millones de televidentes y acumulando un récord sin precedentes de 4,000 millones de reproducciones en redes sociales durante las primeras 24 horas.
A pesar de no haber roto el récord absoluto de audiencia total, el impacto de Benito Antonio Martínez Ocasio en el Super Bowl LXI deja una lectura agridulce. Para los analistas, el descenso del 7% al inicio de su show sugiere una polarización de la audiencia estadounidense frente al género urbano; sin embargo, el “efecto Benito” en las plataformas digitales cuenta una historia muy distinta.
Con 4,000 millones de reproducciones en redes sociales, queda claro que el consumo de la música actual ya no se mide solo frente al televisor. Bad Bunny no solo dio un concierto, sino que generó una conversación global que opacó, por momentos, lo sucedido en el emparrillado.

El orgullo latino en cifras
Lo que es innegable es el triunfo para el mercado hispanohablante. Los 4.8 millones de televidentes en Telemundo no son solo una cifra récord, sino un mensaje contundente para la NFL sobre el peso del público latino. El “Conejo Malo” transformó el escenario más grande del mundo en una fiesta caribeña que, aunque no superó la precisión técnica de Kendrick Lamar el año anterior, sí inyectó una energía que las métricas digitales terminaron por consagrar.
Al final del día, Bad Bunny obtiene una medalla de plata en televisión, pero con el oro indiscutible en la cultura digital, demostrando que su relevancia trasciende cualquier medidor de Nielsen.

