Guillermo del Toro volvió a pronunciarse con firmeza en contra del uso de la inteligencia artificial en los ámbitos creativos, un tema que ha reforzado su presencia mediática en los últimos meses, impulsada también por el estreno y el creciente reconocimiento de Frankenstein. La película, elogiada por figuras como Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, ya figura en seis listas de preselección rumbo al Oscar 2026, destacando por su enfoque artesanal y alejado de procesos automatizados.
En entrevista con Consequence, el cineasta mexicano reiteró su postura crítica frente a la IA en el arte: “O crees en ella o no. Yo no creo. No estoy en contra de la IA en arquitectura, ingeniería o derecho… No creo que ningún artista haya levantado la mano y dicho, ¿pueden darnos IA?”. Para del Toro, la creación artística nace de la experiencia humana y de una urgencia emocional imposible de replicar por una máquina.
El director profundizó su argumento al señalar que las obras más importantes de la historia están marcadas por las vivencias de sus autores. “Escuchas a Paul McCartney y John Lennon, y sabes que John Lennon perdió a su madre… Todas estas cosas informan la urgencia de sus pinceladas. Si le quitas todo eso, entonces es arte ilustrativo y es ilustrativo de algo que no se ha vivido”, afirmó, cuestionando el valor expresivo del arte generado por IA.

Del Toro incluso lanzó una sentencia contundente: “Si una sociedad termina haciendo canciones y ritmos con IA, entonces sin duda esa sociedad merece canciones escritas por IA”, aunque aclaró que no cree que ese escenario esté por concretarse. Para él, el riesgo no está en la tecnología en sí, sino en su adopción acrítica dentro de espacios donde la emoción y la imperfección son esenciales.
Finalmente, el cineasta relacionó esta reflexión con Frankenstein y el arquetipo del científico que no mide consecuencias. “No es anti-ciencia, es anti-falta de análisis… ‘¿podríamos pensar en las consecuencias antes de cualquier gran idea?’”, señaló, defendiendo el derecho a equivocarse como parte de la condición humana: “Lucho por mi derecho de ser equívoco, humano y estúpido”. Mientras tanto, Frankenstein continúa en cines alternativos y en Netflix, consolidándose como una obra profundamente humana en tiempos de debate tecnológico.

