Bruno Mars sorprendió esta semana al romper con las expectativas de su imagen pop al liderar una sesión de rock clásico durante un evento privado en El Capitol Theatre de Port Chester, Nueva York. Lo que inició como una fiesta corporativa organizada por Eldridge Industries terminó convirtiéndose en una jam session histórica con figuras clave del rock internacional.
El cantante dejó de lado éxitos como Uptown Funk para rendir homenaje a bandas y artistas legendarios, interpretando temas como Whole Lotta Love de Led Zeppelin, Roxanne de The Police, Fire de Jimi Hendrix, Smells Like Teen Spirit de Nirvana y Dirty Diana de Michael Jackson. Para la ocasión, estuvo acompañado por una superbanda integrada por Slash y Duff McKagan de Guns N’ Roses, Chad Smith de Red Hot Chili Peppers y el productor Andrew Watt, bajo el nombre de The Dirty Bats.
Los videos del momento no tardaron en hacerse virales, encendiendo las redes sociales y abriendo el debate entre fans y críticos sobre una posible incursión formal de Bruno Mars en el rock. Su presencia escénica y dominio del género fueron ampliamente elogiados, con seguidores pidiendo abiertamente un álbum rock del artista.

La noche también contó con la participación de otras figuras icónicas como Eddie Vedder, Anthony Kiedis y Yungblud, consolidando un cruce generacional poco común fuera de los grandes festivales y reforzando el carácter irrepetible del encuentro.
Más allá de tratarse de un evento privado, la presentación de Bruno Mars ya se perfila como uno de los momentos musicales más comentados del año, reafirmando su versatilidad artística y alimentando la conversación sobre la fusión entre pop, rock y legado musical.

